La libre expresión y sus límites.

El famoso retórico Ovidio afirmó que  ”La libertad es el mayor de los bienes del ser humano”. Es la Libertad la que dispone del cúmulo de derechos que tienen las personas para que los ejerzan de manera autónoma.  Es en ella donde  residen las decisiones personales más importantes,  pues se guían por la  firme  identidad con sus creencias y convicciones. Mas esta facultad no es ilimitada pues la libertad trae obligaciones  negativas:  El individuo  no solo es libre de realizar lo razonable o necesario, sino libre de hacer o dejar hacer lo que quiera,  sin intervenciones externas provenientes del Estado o de otros individuos, mientras no vulneren los derechos ajenos.

¿Entonces hasta donde llega el derecho a la libre expresión de periodistas, literatos y otros?.

Como dijimos anteriormente nadie debería intervenir o entrometerse  en el ejercicio  autónomo de  los derechos de un individuo, fruto de su libertad. Pero acontece que  esto no siempre es así. Es  el Estado y los  demás individuos los que  pueden interponerse en el ejercicio de alguna de las tantas libertades del ser humano, en este caso el de la libertad de expresión, en virtud del principio  de defensa  de la dignidad y de otros derechos fundamentales que puedan verse vulnerados  por  manifestaciones artísticas y literarias del hombre.  Se establece entonces en el artículo 20 de Nuestra Constitución Política:

“ARTICULO 20. Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación.

Estos son libres pero tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura.”

Este  artículo  es manifestación   de uno  de los fines que tienen el Derecho y las Leyes: Buscar y establecer el orden social y la regulación de las conductas humanas. El famoso filósofo alemán Kant  alguna vez afirmó  que: “El Derecho es el conjunto de leyes y condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos.”  Siguiendo la interpretación que le ha dado la jurisprudencia  a este artículo  teniendo en cuenta las sentencias T-066/98 y la T-218/09 de la Corte,  debemos distinguir entre dos clases de libertades: la primera de ellas, la libertad de opinión que en sentido estricto  parece no tener  restricciones,  mientras que la libertad de informar  está limitada a la obligación de transmitir información veras e imparcial.

Esta sentencia  afirma que todo periodista en el campo de las opiniones personales  sobre alguien o algún acontecimiento,  es libre de publicarlas sin ninguna restricción legal, independiente de si es una opinión equivocada, molesta, provocadora o inmoral.  Por otro lado está la libertad de información, según la sentencia T- 080/93 que se concibe  como un derecho  de doble vía, en la medida en que  radica un  intercambio de ideas  y opiniones. Sobre este punto se garantiza entonces la potestad de  proveer información, como el derecho a recibirla, en forma  veraz e imparcial.

En cuanto a la información veraz, se habla en la sentencia  que esos datos revelados puedan ser  fácilmente comprobables por  el receptor. En este sentido, violará   este principio  de veracidad el periodista o persona que presente determinados hechos  como ciertos o definitivos, sin tener certeza de lo dicho. El periodista en este caso, deberá demostrar la suficiente diligencia objetiva en la búsqueda de la verdad que se pretendió demostrar.

También vulnera  el derecho a la información aquel periodista que presente una opinión como un hecho cierto e indiscutible. En estos casos se revisará  la actitud del periodista  frente a su objetividad en busca de la verdad y su diligencia a lo largo del proceso informativo.

Finalmente, en  lo que respecta a la imparcialidad,   se pide que el periodista guarde distancia frente a sus fuentes  y brinde algunas  posiciones variadas sobre el hecho, según el caso. La información  suministrada debe ser contrastada con versiones diversas sobre los mismos hechos, por los directamente involucrados  u otros expertos para plantear todas las aristas del debate.

De ahí que la jurisprudencia en varias sentencias recomiende a los que ejercen esta profesión, el deber de cuestionar sus propias impresiones y preceptos, con miras a evitar que  se den, en sus obras informativas y literarias, preferencias y prejuicios que afecten   derechos de los demás, como la dignidad y honra de personas o comunidades, el derecho a la intimidad  o la percepción de los hechos de una manera poco parcial y sesgada.

A manera  de conclusión son los textos argumentativos y textos expositivos propios de las columnas de opinión  los que  por su estructura están amparados bajo este derecho, también porque estos  buscan el entretenimiento y cuestionamiento de su público frente un tema  específico, mientras que los textos informativos  están amparados por la libertad de información anteriormente explicada.

 

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